Pero, ¿qué es exactamente la astenia primaveral? y ¿cómo puedo saber que la padezco? A continuación, te damos algunas claves que te ayudarán a resolver todas tus dudas sobre esta particular condición. 

¿Qué es la astenia primaveral? 

Como su propio nombre indica, el término “astenia” hace referencia a una sensación de cansancio y fatiga generalizada. Se trata de una alteración física o psicológica, la cual desencadena un estado de debilitamiento en aquel que la padece con motivo de la entrada a la estación primaveral

Sin embargo, se trata de una condición totalmente transitoria y de sintomatología leve. No hay que confundirla con el trastorno afectivo estacional (TAE), que es más propia en las épocas de invierno. 

Se cree que sus causas son una mezcla de la alteración de la luz solar, los cambios de temperatura, los horarios y los ciclos hormonales. Todo ello haría que el cuerpo aumentara la energía consumida, provocando una sensación de somnolencia o debilidad pronunciada. Entre sus otros síntomas a destacar, podríamos nombrar la irritabilidad, la alteración del sueño, la pérdida del apetito o la libido y, en casos más graves, los estados de ansiedad.

Su duración varía entre una y dos semanas, ya que es el periodo adaptativo que nuestro cuerpo requiere para habituarse a los nuevos ciclos circadianos. 

Tratamientos para aliviar y prevenir la astenia primaveral

Al tratarse de cambios que nuestro organismo experimenta por factores naturales, lo más recomendable es seguir simplemente una serie de hábitos saludables que mejoran el rendimiento de nuestras capacidades fisiológicas, sin necesidad de medicamentos:

  1. Hacer ejercicio moderadamente. De esta forma ayudaremos a la liberación del estrés y a la segregación de hormonas que nos facilitarán la conciliación del sueño. 
  2. Comer de forma saludable. Se recomiendan, en especial, alimentos que nos aporten un gran porcentaje de energía y también aquellos que contengan un alta cantidad de vitaminas y minerales, tales como las frutas, las verduras o los frutos secos. 
  3. Mantenerse bien hidratado. Los expertos señalan en general un promedio de 6 vasos diarios de agua. Los zumos o las infusiones son, asimismo, un buen complemento para nuestra hidratación. 
  4. Buenas rutinas de sueño. Al estar expuestos a un mayor consumo de energía, es más importante que nunca intentar dormir de 7 a 8 horas al día para un correcto funcionamiento en nuestras rutinas cuando estemos despiertos.  
  5. Adaptarse a los nuevos horarios. Sería bastante conveniente empezar progresivamente los nuevos horarios antes de que cambiaran de hora. Para ello, es importante recordar que los intermedios entre las comidas y el sueño deben seguir siendo los mismos. 
  6. No automedicarse. Aunque pueda parecer muy tentador en un principio, no se debe recurrir a medicamentos, ya que no son necesarios si se está siguiendo una dieta equilibrada. En caso de que los síntomas se prolonguen hasta 2 o 3 meses, lo más prudente es acudir a tu médico o farmacéutico de confianza para que te asistan con un tratamiento personalizado.
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